lunes, 24 de julio de 2017

Una serena pasión, Terence Davies

Emily Dickinson puertas adentro


El cineasta inglés Terence Davies nos deleita con una obra maestra disfrutable solo para aquellos que acepten el desafío de vivir las dos horas que dura la película desde el moroso tiempo mental y social de Emily Dickinson, la famosa poetisa estadounidense del siglo XIX.


La cámara recorre los salones de la casa familiar, capta los leves rayos de sol que se cuelan por los ventanales y el silencioso ocio de las noches en familia a la luz de las velas o de los faroles de aceite. También se pasea por el jardín de esa casona señorial de Amherst, Massachusetts por donde pasa la vida de Emily en medio del amor y protección de su familia.

El director apuesta a un biopic que tenga la misma consistencia y estética de la obra del personaje retratado. Por eso la película está hecha de la voz, la mirada y los sentimientos de la poetisa. Sus poemas se van bordando minuciosamente en cada escena y los diálogos irónicos, punzantes, inteligentes, nos acercan a mujeres conscientes de su opresión y de su encierro dentro del corsé de una sociedad puritana y patriarcal. Su incondicional hermana Vinnie, su resignada cuñada Susan, su madre melancólica, y su cínica y progresista amiga Vryling Buffum completan este intersante retablo femenino. 


Emily tuvo un padre progresista y amoroso, sin embargo fue a él a quien le pidió permiso para quedarse de noche escribiendo sus más de 800 poemas, escritos a mano y encuaderndos por ella misma en pequeños cuadernillos. De haberse casado, lo más probable es que no hubiera existido su vasta obra poética, porque su marido nunca hubiese permitido esas inconcebibles y vergonzosas veleidades. De hecho, a Emily Dickinson solamente le publicaron en vida 5 poemas en un periódico local y anónimamente. En una escena, su hermano ofendido porque Emily le ha reprochado su machismo,  le lee con crudeza un artículo del editor de esa misma publicación que habla de las mujeres poetas como solteronas infelices que desahogan sus penas en sus versos.

La película abarca desde la adolescencia hasta la muerte del personajes y se va posando en la creciente tristeza, amargura y desesperanza de una mujer que, encerrada en su casa paterna y oprimida por su cuerpo enfermo, encontró en la escritura de sus poemas la libertad en tiempos de opresión.



¿Puede una pasión ser serena? Ese oxímoron del título se ve encarnado en la formidable actuación de Cynthia Nixon (la recordada Miranda de Sex and the City) que logra transmitir esa mezcla de timidez enfermiza, intransigencia, inteligencia y pureza vibrante. 

Una película para no perderse en la pantalla grande. 



De yapa uno de los poemas de Emily traducidos por Silvina Ocampo:




Poema 128

Dame el ocaso en una copa,
enumérame los frascos de la mañana
y dime cuánto hay de rocío,
dime cuán lejos la mañana salta-
dime a qué hora duerme el tejedor
que tejió el espacio azul.

Escríbeme cuántas notas habrá
en el nuevo éxtasis del tordo
entre asombradas ramas-
cuántos caminos recorre la tortuga-
cuántas copas la abeja comparte,
disoluta del rocío.

También, ¿quién puso la base del arco iris,
también, quién guía las esferas dóciles
por juncos de azul flexible?
¿Qué dedos atan las estalactitas-
quién cuenta la plata de la noche
para saber si nadie está en deuda?

¿Quién edificó esta casita albana
y cerró herméticamente las ventanas
que mi espíritu no puede ver?
¿Quién me dejará salir un día de gala
con implementos de vuelo,
fugaz pomposidad?

Emily Dickinson (Versión de Silvina Ocampo)

sábado, 22 de julio de 2017

Graciela Gutiérrez Marx en el Malba

Graciela, protagonista de Verboamérica

¡Encontrarte así, por sorpresa, todo un rincón del Malba con tu obra, Graciela!
Con tus sobres de arte correo, tus sellos y tu letra inconfundible. Con las fotos de Mamá Blanca y las violetas de los alpes del frente de tu casa... 
Fue un encuentro directo a la emoción.


Siempre que entré a tu casa; siempre que compartí desde mi nada alguno de tus proyectos como la Maratón de Antihéroes; siempre que compartías esos espacios en los que nos dabas a todos lugar para crear, para jugar a ser artistas; siempre, te juro que siempre, supe que estaba al lado de una grande, de una artista abre-caminos.  Siempre fui consciente de ese privilegio. 


Por eso, cuando vi tan amorosamente exhibidas tus obras, junto a la de otros artistas admirados como Remedios Varo, Xul Solar, Liliana Porter, Diego Rivera, me sentí inmensamente feliz y emocionada. 



Estás incluida en un núcleo temático que reflexiona sobre la ciudad y las letras, la ciudad y la violencia, la ciudad y la imaginación. Me pareció muy acertado ese espacio para vos, imaga de la imagen y la palabra. 



¡Vayan al Malba, amigos, a encontrarse con esta sorpresa! Graciela Gutiérrez Marx más actual que nunca porque nos recuerda que no se puede vivir la vida sin poesía.



A continuación las fotos de Daniel Gluzmann y fragmentos del catálogo del Malba:


En el marco de la celebración del 15° aniversario del museo, se presenta esta nueva exposición de la colección permanente, curada por la historiadora e investigadora Andrea Giunta y por Agustín Pérez Rubio, Director Artístico del museo. La exhibición es el resultado de un proyecto de investigación más amplio de más de dos años, que propone una historia viva de América Latina, expresada en acciones y experiencias. Una historia poscolonial que asume que el arte latinoamericano no debe entenderse tan sólo a partir de las denominaciones que propuso la historia del arte europeo, sino a partir de los nombres que los propios artistas formularon cuando crearon sus programas estéticos.


“Verboamérica es una exhibición performativa y temporal, y pone en evidencia la crisis de la linealidad y unicidad del tiempo histórico que ha tenido lugar durante la globalización”, explica Pérez Rubio en el catálogo que acompaña la exposición, donde destaca el famoso mapa de Joaquín Torres-García América invertida, que ya en la década de 1940 enseñaba una modificación de preeminencia geográfica y espacial de América, pero también temporal.

La exposición rompe el clásico recorrido cronológico e incluye 170 obras divididas en ocho núcleos temáticos, en los que conviven obras de diferentes períodos históricos y de una multiplicidad de formatos: pinturas, dibujos, fotografías, videos, libros, documentos históricos e instalaciones. Los núcleos son: En el principio; Mapas, geopolítica y poder; Ciudad, modernidad y abstracción; Ciudad letrada, ciudad violenta, ciudad imaginada; Trabajo, multitud y resistencia; Campo y periferia; Cuerpos, afectos y emancipación; y América indígena, América negra.

En palabras de Andrea Giunta: “Los términos clave de esta exposición provienen de la experiencia artística en América Latina: Antropofagia, Indigenismo, Negritud, Martín Fierro, Neoconcretismo, Madi, Perceptismo, Universalismo Constructivo, Muralismo. Provienen también de la experiencia latinoamericana de las ciudades, las ciudades reales, soñadas, utópicas; del trabajo, la explotación y la geopolítica; de los márgenes de la ciudad, los paisajes reales e imaginados, y de lo expulsado: la prostitución, la pobreza, los cuerpos insubordinados, descalzados del canon patriarcal que construyó tanto a la mujer como al hombre. Se trata, también, de la insurrección negra, indígena, campesina, del reclamo de la tierra. Volver visibles las poéticas de lo indomesticable, las formas de la emancipación estética”.


Núcleos Verboamérica
Ciudad letrada, ciudad violenta, ciudad imaginada


La ciudad no solo fue representada en sus ángulos y desde el contraste de sus luces y sombras. La escritura tuvo un rol protagónico. Provenía de los autores que se sentaban a conversar y a debatir los nuevos programas estéticos en los cafés de todas las metrópolis del mundo, de toda aquella imaginación que se desató en torno al concepto mismo de escritura. Muchos lenguajes se activaron ante la censura. Formas codificadas, secretas, de decir, escribir y pensar eludiendo el control de las dictaduras. Se inventaron lenguajes nuevos, que simulaban el orden de los textos pero en los que no había letras ni palabras conocidas. Se llegó a escribir con los dedos, dejando los rastros del cuerpo en los simulacros de renglones; se lo hizo incluso sin tinta, sin lápiz, utilizando solo las manos para dejar en el papel las huellas de las arrugas. Escrituras corpóreas. Se imaginaron y se inventaron otros códigos que, en su indeterminación, se propusieron como universales, capaces de producir nuevas formas de contacto. La escritura como comunicación adquiere una forma transfronteriza en la carta, en las imágenes y en los sellos del arte postal, que permitió cruzar fronteras que las aduanas del arte hubiesen posiblemente bloqueado. La ciudad fue, también, escenario de la violencia. Sus marcas resultan evidentes en las estatuas decapitadas, en la imaginación de cárceles subterráneas, en las escenas de robos y accidentes de historias ficticias. El caos y el amontonamiento de las arquitecturas también ejercen una forma de violencia en las personas. No tan solo sobre sus cuerpos, también sobre sus mentes, que, abrumadas, tienen que decodificar y establecer nuevos formatos de circulación. Las ciudades fueron un estímulo extraordinario para la imaginación. Ante su expansión se pensaron nuevas formas de habitar, nuevas relaciones entre el espacio y el cuerpo. Se formuló el concepto de una arquitectura emocional, en la que las relaciones del espacio fuesen capaces de conmover a quienes lo recorrían. El lápiz sobre el papel permitió diseñar recorridos que en la realidad parecían imposibles. Permitió elevar hábitats y definir nuevas percepciones. En sus redefiniciones, el espacio de la ciudad y de la casa consideraron los cuerpos sociales y los individuales.


Artistas: Norah Borges, Mirtha Dermisache, Graciela Gutierrez Marx, Mathias Goeritz, David Lamelas, Margarita Paksa, Liliana Porter, Diego Rivera, Lotty Rosenfeld, Mira Schendel, Remedios Varo y Xul Solar, entre otros.

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